Les cuento una historia, de Juan y Ana, que se casaron muy enamorados, armaron su familia, los chicos fueron creciendo y ellos se fueron alejando, se quedaron solos en la casa y Elena se quejaba, Juan es aburrido, no se mueve, yo hago todo.
Juan iba a ver a sus hijos y nietos, hacia las compras, pagaba la señora de la limpieza, sacaba entradas para algún espectáculo, salía con sus nietos y en general no rezongaba, desde mi mirada tenía miedo de estar solo, Elena rezongaba, detrás del rezongo yo siento que pasando los 63 años si uno no hizo las cosas desde el alma se va frustrando, todo le parece mal, pone la culpa en el otro porque es mas fácil y se acostumbra a la queja, eso por un rato alivia. Antes las mujeres postergaban muchas cosas por la familia y después se veían grandes para estudiar o aprender. Ahora es diferente la edad no es obstáculo para el aprendizaje.
Elena se queda viuda y entonces se da cuenta de todas las cosas que hacía Juan, recién ahí nota ese espacio vacío, los chicos no van porque uno quiere tener lejos las quejas y después de un tiempo la ponen en un geriátrico.
Esta pareja se convirtió en un carrito chino, alguien que lleva el peso y el otro descansa, pero no se da cuenta hasta que el carrito deja de funcionar.
Seguramente si hubieran consultado hay ejercicios prácticos para hacer, todo tiene una solución solo hay que plantearse que vale la pena ir haciendo cambios en las parejas.
Darse tiempo para tomar un cafecito en un lindo lugar, dar espacio para la charla fuera del hogar, en realidad reavivar la comunicación, crear espacios para la pareja hace la diferencia.
El pensar que vale la pena apostar a enriquecer la vida juntos, eso es algo que suma para ambos.
miércoles, 16 de enero de 2008
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