Casi sin darnos cuenta, nos acostumbramos a un maltrato, es tanto lo que nos domesticaron y domesticamos, que es difícil ser nosotras mismas/os.
Tenemos una cantidad de creencias tan difíciles de cumplir, que sentimos el fracaso una y otra vez.
Hay una imagen distorsionada, la que somos, la que pensamos que somos, la que deseamos ser.
Sonreímos cuando queremos llorar, mentimos con esa necesidad de ser aceptados, permitimos que un otro nos diga que debemos hacer, dejamos de cumplir nuestros sueños pensando que no son posibles.
Elegimos siempre desde una creencia que vivir es sufrir, si da placer no es bueno, debo hacer lo correcto.
Entonces no podemos vernos ni ver al otro tal cual somos, es una bruma que nos envuelve, sentimos que nos hieren. Solo nosotras/os podemos herirnos y sabemos hacerlo muy bien.
Salgamos de esta bruma, entremos a la luz, preguntándonos quienes somos, entonces, escuchemos nuestra voz interna y así centrados en el corazón, comencemos a recorrernos por dentro.
Así el afuera comienza a ser nuestro bendito espejo, sin bruma.
domingo, 16 de agosto de 2009
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